4° Encuentro Americano - XVI Encuentro Internacional del Campo Freudiano
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La clínica analítica hoy | El síntoma y el lazo social
2009
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La brecha del síntoma [*]
Leonardo Gorostiza
 

La perspectiva que hoy quiero tomar, es la de interrogar el binario mismo del título de nuestro próximo Encuentro Americano, el binario "síntoma y lazo social". Un binario que implica una suerte de articulación paradojal. ¿Por qué paradojal?

Porque por un lado, el síntoma se opone a la noción de lazo social en tanto el síntoma viene de lo real, es lo único que guarda un sentido en lo real, es lo más real que hay, mientras que el lazo social –en tanto discurso, en sentido estricto- está hecho de semblantes, es un montaje de semblantes. Tendríamos aquí, una oposición.

Mientras que por otro lado, siguiendo a Jacques.-Alain Miller afirmamos que el lazo social es el síntoma. Es decir, que no habría una exterioridad entre el síntoma y el lazo social, lo cual da su fundamento a la fórmula partenaire-síntoma.[1] El síntoma es el partenaire del sujeto y así, otro puede ocupar el lugar del síntoma de un sujeto, estableciéndose de ese modo un lazo social.

Por lo tanto, la pregunta que va a guiar lo que a continuación quiero desarrollar es la siguiente:

¿Qué es lo que en el síntoma introduce una brecha en el autismo del goce haciendo posible el lazo social, haciendo posible que el síntoma mismo sea el lazo social?

Esto supone problematizar algo que no va de suyo: de qué manera el síntoma, definido por Lacan en el Seminario 10 como "goce autista que se basta a sí mismo", de qué manera ese goce puede consentir a hacer lazo social. Dicho de otro modo, a establecerse en un discurso.

No olvidemos que los discursos –en el sentido fuerte y preciso de Lacan- son el lazo social mismo o bien lo determinan, y no a la inversa. Pero además, los discursos son fundamentalmente del orden del semblante, son un aparato de semblantes que gravitan en torno de lo real para evitarlo.

Ahora bien, trabajando el año pasado en Lima, durante el Seminario de formación permanente para los docentes del INES dedicado al escrito Televisión, me encontré nuevamente con esta fórmula de Lacan que me parece puede ayudarnos a echar luz sobre este punto.

Se encuentra en el punto IV de dicho escrito, cuando Lacan desarrolla el tema de los afectos. Me refiero a cuando dice: "El sujeto es feliz. Es incluso su definición puesto que no puede deberle nada sino a la suerte, dicho de otra manera a la fortuna, y que toda suerte le es buena para lo que lo mantiene, es decir, para que se repita."[2]

Y la cuestión que allí se pregunta Lacan es cómo de esa dimensión de la repetición pulsional que hace que a ese nivel el sujeto sea feliz –y no infeliz como al nivel del deseo en la neurosis, que en tanto tal se define como inmersa en un lazo social-, cómo es posible que de la pulsión, del goce, emerja el Otro divino, el de la beatitud. Dicho en otros términos, cómo se establece un lazo entre el goce autista de la pulsión y el Otro.

Lo interesante es que allí mismo Lacan señala que es el poeta, Dante, quien nos revela la intriga. ¿Cómo la revela? "Una mirada –dice Lacan-, la de Beatriz, o sea menos que nada, un parpadeo y el desperdicio (le déchet) exquisito que resulta de ello: y he ahí surgido al Otro…"[3]

Como ustedes saben ya estamos en una axiomática de Lacan en la que primero, hay el goce, y la cuestión es cómo el Uno del goce se conecta con el Otro, o, más aún, cómo el Otro puede surgir del goce mismo.

Este pasaje es comentado por Miller en su texto ∑(x) donde señala que desde este punto de vista el Otro está sostenido por el objeto a. Entonces la cuestión es saber cómo llega el Otro a sustituirse al objeto a, es decir, cómo se convierte en su metáfora. "Nos lo dice el poeta –concluye- que de la mirada de Beatriz, de su Beatriz, hace nacer al Otro divino y su idea de beatitud. Aquí nos indica que el gran Otro se hace a partir del goce del sujeto. Pero no de todo goce puede nacer otro; no nace más que si ya está en el síntoma, si ya hay una brecha presente en el autismo de su goce."[4]

Decir que el Otro se hace a partir del goce del sujeto es lo mismo que decir que los semblantes –los aparatos de semblantes- se hacen a partir del goce del sujeto. Pero con una condición, que haya una brecha en el autismo del goce y es eso lo que implica el síntoma. ¿Cómo entender esto?

Planteo una primera respuesta que podríamos formular así: el síntoma, en la medida en que es la fórmula que se inventa ante el agujero de la no relación sexual al mismo tiempo es el índice de dicho fracaso –de la relación- y localiza ese imposible. Es entonces a partir de ello, de localizar ese imposible, que puede ser el fundamento de un lazo que será entonces siempre sintomático.

Dicho de otro modo: es porque el síntoma tiene afinidad con lo imposible que lo imposible se introduce allí, en el goce pulsional, donde todo es logro, donde el sujeto es siempre feliz.

Es decir que el síntoma, en tanto localiza lo imposible y escribe una fórmula que vale como un saber en lo real, introduce una brecha que es la condición misma del lazo o, más aún, es el lazo social mismo.

Pero podríamos preguntarnos: esta brecha que menciona Miller, ¿se encuentra en cualquier estado del síntoma o se trata de una virtualidad que necesita otra operación para su "realización"?

En su "Monólogo de la apalabra" él mismo menciona que cuando Lacan dice que el sujeto es feliz implica que la pulsión funciona siempre como conviene, lo cual quiere decir que a ese nivel no hay imposible. A nivel de la pulsión, a nivel en el que el sujeto es feliz todo es puro logro. "No podemos –dice Miller-, en este registro, verificar ningún real como imposible. (…) A nivel donde el sujeto es feliz, lo real no está verificado." Y entonces concluye que por lo tanto "…haría falta formular que la interpretación analítica introduce lo imposible."[5]

Esta dimensión me parece muy importante porque si bien partimos de que si hay síntoma –lo dije antes- suponemos que ya hay una brecha en el goce autista, parece que es necesaria la interpretación analítica para introducir (¿revelar?) dicha imposibilidad que es la condición misma del lazo con el Otro.

Esto, que podría entenderse como una elucubración en el cielo de las ideas, no deja entonces de tener un alcance eminentemente pragmático ya que hace a nuestra intervención como analistas, sea donde sea: en el consultorio, en las instituciones, en la ciudad, y también, en la ciudad analítica. [6]

Ahora bien, otro ángulo desde donde podríamos interrogar qué es lo que permite que del goce autista se pueda establecer un lazo con el Otro, es decir cuál es esa "brecha", sería tomando como referencia algunas clases de El Otro que no existe y sus comités de ética, por ejemplo el capítulo XVIII, "El campo pulsional". Hay allí hay una serie de indicaciones precisas. Por ejemplo cuando Miller señala que en el "cada uno para sí pulsional" no hay lugar para el "todos", que la horrible soledad del goce se evidencia en la dimensión autística del síntoma y que hay algo en el goce que se separa del campo del Otro siendo el fundamento de todo cinismo.[7]

Como ven aquí estamos nuevamente ante una oposición de exclusión entre el goce del Uno y el Otro. Por lo tanto, retorna la pregunta: ¿cómo es que de eso puede surgir el lazo con el Otro?

Es en ese punto cuando a mi entender Miller comienza a matizar esa oposición y a desplazarla un poco. Es cuando señala que "la disyunción entre las pulsiones y el Otro es la no relación sexual en tanto tal".[8]

Es decir, que lo imposible se sitúa en la disyunción que existe entre el goce autista del Uno y el Otro. Y agrega que esto "…significa que la pulsión está programada, mientras que la relación sexual no lo está. Esta disyunción es coherente con que esta especie hable; el lenguaje se establece –usa aquí el mismo término- en esa brecha misma…"[9] Es decir que el lenguaje –como el discurso, puro montaje de semblantes- se establece en esa brecha que hay entre el goce autista y el Otro.

Y así, delicadamente, Miller comienza a cuestionar la idea de una total disyunción entre la pulsión y el Otro.

"¿Hasta donde –se pregunta- podemos llevar la perspectiva del autismo del síntoma y el autoerotismo de la pulsión? (…) No podemos contentarnos con una disyunción total entre los dos campos porque lo que pasa en el campo del Otro incide en las condiciones del goce pulsional."[10] Y allí, apelando a la construcción de la pulsión que Lacan hace en el Seminario 11, indica cómo algo del goce del Uno es atrapado en el Otro de la cultura.

Resumiendo, se trata de ver cómo en el movimiento circular de la pulsión que se efectúa sobre la intersección misma entre la pulsión y el Otro, se funda el lazo mismo.

Y para ello es necesario situar que si por un lado el objeto a es el objeto hecho de un vacío topológico que la pulsión rodea satisfaciéndose en ese mismo recorrido, por otro lado la pulsión debe pasar por el Otro para encontrar allí los semblantes, las encarnaciones del objeto, que le permitan realizar su circuito. Esa es la verdad de la castración: que para gozar hay que pasar por el Otro y cederle algo de goce.

Es en esa disyunción, pero al mismo tiempo lugar de articulación, que también se sitúa el síntoma, concebido ahora "como una prótesis, un aparato del plus de gozar".[11]

Pero si el síntoma es un aparato del plus de gozar y éste se inscribe en la intersección entre el goce del Uno y el Otro, vemos que allí ya se encuentra localizada una brecha en el goce autista ya que en esa intersección, o mejor dicho, en esa disyunción, se localiza –como dijimos antes- la no relación sexual en tanto tal. Más aún, podemos decir que allí donde la pulsión está programada y es puro logro, el síntoma, introduce la dimensión del fracaso, de lo que no anda, y así introduce esa brecha en el campo del goce.

Ahora bien, si el síntoma es "un aparato del plus de gozar", la pregunta que también debemos formularnos es de qué estatuto del síntoma estamos hablando. Decir que es un aparato del plus de gozar es hacerlo equivaler al lenguaje que, como tal, es un aparato de goce. Lo cual presupone ubicar así al síntoma del lado de una articulación, del lado de un discurso. Lo cual es congruente con que hablemos del "plus de gozar" que es uno de lo elementos de los discursos.

La diferencia que se impone entonces elucidar es la que existe entre el síntoma y el sinthome y determinar si la brecha del síntoma corresponde o no a ambos estatutos del síntoma.

En su último curso, Miller señalaba que todo discurso –como el del amo, que es el del inconsciente- es una superestructura, una estructura que se sobre impone a elementos previos, a elementos absolutos (es decir no relativos, no articulados) y contingentes.[12] Es allí que sitúa el sinthome como aquello –en el caso de Joyce- que se inventa en lugar del inconsciente (como discurso).

El sinthome es así una invención ante el encuentro contingente del inconsciente real –entendido como el agujero traumático de la no relación sexual[13]- sobre el cual podrá luego establecerse, por la repetición de la letra del síntoma –lo que no cesa de repetirse del síntoma-, la articulación del inconsciente como discurso, es decir, como lazo social, que en sí mismo es un tratamiento del inconsciente real.[14]

Pero el sinthome en tanto tal, es cerrado sobre sí mismo, y por lo tanto no hace lazo social. Es el goce opaco que excluye el sentido y que hay que diferenciar del plus de gozar. El plus de gozar es lo que se produce por "esa esperanza llamada castración, que consiste en que una parte –hay que subrayar esto- del goce autista se pierda y se encuentre como goce perdido en el Otro."[15]

Así, la brecha del síntoma sería aquella que, en tanto virtualidad abierta a la contingencia, surge del sinthome -como elemento absoluto también nacido de la contingencia- cuando pasa a articularse como necesidad que no cesará de repetirse y que podrá vestirse entonces con los ropajes del destino. Es el sinthome como aparato opaco de goce, el ser de sinthome del sujeto que no se reconoce en un objeto sino en un proceso, en un montaje, en una repetición.[16]

Pero de esa repetición –que puede figurarse en ese parpadeo del que partimos- puede quedar ese resto, ese desperdicio exquisito, ese plus de gozar que es índice de la brecha abierta entre el síntoma y la pulsión, de la brecha misma surgida del devenir síntoma de la pulsión.[17]

Es la perspectiva misma del partenaire-síntoma que implica una oposición entre la dimensión cerrada del goce autoerótico y la dimensión del amor que se abre al Otro. Un amor ligado entonces a esa esperanza llamada castración, la esperanza de que el goce restaure al partenaire y obligue a buscar en el Otro su complemento necesario.

Puede entonces ocurrir que la contingencia de un encuentro haga surgir la ilusión de que la no relación sexual cesó de no escribirse haciendo creer –en un momento dado- en la ilusión de la relación sexual bajo la forma del amor.

"De sus ojos –escribe Dante- , según ella los mueva, brotan espíritus inflamados de amor, que hieren los ojos de quien la mira, y de tal manera lo atraviesan, que cada uno alcanza el corazón, veis Amor pintado en su rostro, allí donde nadie puede mirarla fijamente…"[18]

Una mirada, menos que nada (trois fois rien: une chose insignifiant, algo insignificante), un parpadeo –un latido, una pulsación de los párpados (un battement de paupières)[19]- entonces, la brecha que allí se abre, el desperdicio (déchet: resto) exquisito que de eso resulta y he ahí, surgido el Otro…[20]

He ahí surgido –para Dante- un lazo de amor indestructible hecho a partir de su cita con el plus de gozar, a partir de esa sustancia efímera y episódica que, en la fugacidad del encuentro, introdujo para él la eternidad.[21]

El amor sublime del poeta nos revela así la función del amor: la de proyectar el síntoma en el afuera.[22] Pero para que ello sea posible –esta es mi hipótesis- es necesario que de la brecha del síntoma haya surgido lo que alguna vez Miller llamó "el arco iris del goce", es decir, ese semblante privilegiado que es el objeto a.

 
 
Notas
* Intervención efectuada en la EOL durante la Tercera Noche Preparatoria ENAPaOL (7 de mayo de 2009).
1- Miller, Jacques-Alain, en Los inclasificables de la clínica psicoanalítica, Colección ICBA Volumen 1, ICBA-Paidós, Argentina, 1999, pág. 347-348. ("…el lazo social es él mismo el aparato del síntoma que construye el sujeto. Es el sentido de lo que llamaba el partenaire-síntoma. Si se plantea una exterioridad entre el lazo social y el síntoma, nunca se saldrá de allí. Hay que cortar y decir: el lazo social es el síntoma.").
2- Op. Cit., pág. 107.
3- Ibídem, pág. 108.
4- Miller, Jacques-Alain, (x), en Matemas II, Manantial, Argentina, 1988, pág. 171/2.
5- En El lenguaje, aparato de goce, Diva, Buenos Aires, 2000, pág. 117.
6- ¿No podríamos acaso considerar que la interpretación emitida desde el lugar del Ideal con finalidad disociativa sobre el efecto masificante del grupo -tal como Miller lo propone en su Teoría de Turín- precisamente es efectiva, es decir, reenvía a cada uno a su soledad en relación a la causa, en la medida en que localiza un imposible, aquél que la identificación que hace masa tiende a desconocer?
7- Miller, Jacques-Alain, El Otro que no existe y sus comités de ética, Paidós, Argentina, 2005, pág. 381.
8- Ibídem, pág. 382.
9- Ibídem.
10- Ibídem.
11- Ibídem, pág. 383.
12- Miller, Jacques-.Alain, Cosas de finura en psicoanálisis, Curso de la Orientación Lacaniana del 10 de diciembre de 2008.
13- Lo que abajo figuramos escribiendo sinthome en conexión con la doble barra, índice de la imposibilidad estricta que hay entre el lugar de la producción y el de la verdad, y que corresponde a lo ininterpretable de lo Urverdrängt.
14- Ibídem n. 12, Curso del 26 de noviembre de 2008.
15- Ibídem n. 7, pág. 416.
16- Ibídem, n. 12, Curso del 4 de marzo de 2009.
17- Miller, Jacques-Alain, El partenaire-síntoma, Paidós, Argentina, 2008, pág. 81.
18- Alighieri, Dante, La vida nueva, Siruela, Madrid, 1985, pág. 47.
19- La traducción castellana dice "parpadeo", pero para eso el francés dispone de otro término que Lacan decide no usar: clignement. Nos parece que la traducción "un latido o pulsación de los párpados"(a partir del Petit Robert) indica mejor la pulsación S1-S2 y lo que surge de su intervalo.
20- Los cuatro términos del discurso aparecen aquí delineados: el parpadeo, la pulsación entre S1 y S2; el $, designado por "ese menos que nada"; el a como plus de gozar, en ese "desperdicio exquisito" que indica con su "exquisitez" su articulación a la castración, el (-φ).
21- A partir de una intervención de Eric Laurent en el último Congreso de la EBP donde señaló que la "perversión" masculina es la tentativa de hacer existir la sustancia de La Mujer eternizando el meteorito del deseo, haciendo surgir la eternidad a partir de lo que es efímero o episódico, el plus de gozar. (Notas personales). En este sentido, el goce opaco del sinthome, su substancia gozante, no es efímera o episódica sino permanente, pero no eterna. Como síntoma dura lo que dura la existencia de cada parlêtre.
22- Miller, Jacques-Alain, en La pareja y el amor, Paidós, Argentina, 2003, pág. 20.
 
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