4° Encuentro Americano - XVI Encuentro Internacional del Campo Freudiano
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La clínica analítica hoy | El síntoma y el lazo social
2009
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Delicadeza [*]
Judith Miller
 
Entrevista realizada por Virginia Arce para el Diario La Nación del Miércoles 8 de julio de 2008.
 

«Es que a una verdad nueva, no es posible contentarse con darle su lugar, pues de lo que se trata es de tomar nuestro lugar en ella. Ella exige que uno se tome la molestia»
Jacques Lacan, « La instancia de la letra en el inconciente » Escritos 1, p. 206

«Hay que adentrase en el campo social, en el campo institucional, y prepararnos para la mutación de la forma del psicoanálisis. Su verdad eterna, su real transhistórico no serán modificados por esta mutación. Por el contrario, se salvarán, si captamos la lógica de los tiempos modernos
Jacques-Alain Miller, Le neveu de Lacan, p. 124

El pasaje al siglo XXI, el 150 aniversario del nacimiento de Freud y el centenario del de Lacan condujeron a aquellos que inscriben su trabajo en el Campo Freudiano a interrogar cada vez más el lugar del psicoanálisis en el mundo, así como la función que le toca a un analista. El mundo cambia y este lugar es en efecto cuestionado en el país mismo en que Lacan ejerció y enseñó. Es decir en el país donde no solo el filo de la invención freudiana fue salvaguardado por Lacan, sino también donde la doctrina analítica conoció avances tan notorios que recién hoy comenzamos a tener una medida de las consecuencias de la última enseñanza de Lacan, tanto en lo que respecta al Edipo como a los síntomas, para tomar solo dos ejemplos entre muchos otros.

Seguramente los cambios del mundo, y con ellos los de la clínica, exigen interrogar el lugar que tiene allí el psicoanálisis y la función que le toca a un analista, sabiendo que desde el nacimiento del psicoanálisis este lugar debe defenderse y esta función delicada sostenerse. Hoy, lo son sin duda más que nunca. A través de los cambios, pocas cosas de la era victoriana han resistido que podamos encontrar en el mundo globalizado, donde lo propio se caracteriza por la ruptura que opera con los ideales y los valores tradicionales, de la familia especialmente, y una plétora correlativa de plus de gozar desechables, falsos objetos a, que ofrece al consumo público en el lugar de los ideales que se han vuelto obsoletos. No puedo más que remitirlos al sitio de la ELP a este respecto que publica los trabajos de nuestros colegas elucidando el "estado de la civilización" de manera metódica y rigurosa y sus repercusiones sobre la "cuestión psi"

Sin embargo Lacan no dejó de confiar en una « conferencia de prensa » de 1974, en el momento de "La tercera" (intervención suya en Roma), que a sus ojos la religión (la verdadera, es decir la romana) tenía todo lo necesario para triunfar más allá de las convulsiones que el planeta habría de conocer y los avatares de la civilización. (Un paréntesis aquí: ¿para cuando el ensayo de un psicoanalista consagrado al movimiento ecologista que se inquieta por los estragos destructores que amenazan a la Tierra y a los equilibrios naturales de su fauna y se sus climas?)

En 1974, Lacan sin embargo no invita al psicoanálisis a proponer otro sentido diferente del que la religión encuentra siempre para hacerlo abundar y mejor enmascarar lo real: todo sentido es religioso. Él indica la brújula que especifica el psicoanálisis: orientarse por lo real que se desprende en efecto del psicoanálisis: lo que fracasa, lo insoportable que insiste. Tal es su singularidad y su razón de ser, a falta de lo cual estaría destinado a deteriorarse ¿Se trataría de condenarlo a una triste alternativa: el fracaso o la traición?

¿Cómo puede el psicoanálisis encontrar su lugar en el siglo XXI sin traicionarse y sin auto segregarse? Es estrecha, seguramente, la vía que supone que logre circunscribir siempre lo real y obtener por el mismo movimiento un saber hacer en su lugar. Lo imposible no es la impotencia. Es la ética del psicoanálisis lo que supera cualquier traición y franquea todos los obstáculos si se sostiene firme en el principio enunciado por Lacan "no ceder sobre su deseo". Si la puesta en marcha por cada uno de tal principio supone que la cura del sujeto haya sido conducida a su término, ¿habita ella a todo analizante que se aferra a la ocasión de servir a la causa del psicoanálisis, autorizándose a ser un practicante debidamente formado?

El porvenir del psicoanálisis se sostiene seguramente en la formación de los analistas. Nada sorprendente ni nuevo al decirlo, lo que es sorprendente y nuevo es la coyuntura en la cual este decir encuentra su efectividad. En este siglo XXI, la conferencia institucional de la ECF del 13 de septiembre de 2008 se da como tarea comenzar a encararla para desbrozar el terreno incluso extraer las minas.

No le toca al psicoanálisis pasar por compromisos para existir en el mundo, especialmente del tipo promoción o aceptación de diplomas: está en su esencia misma el no ser pasible de diplomas. Su ejercicio implica que permanezca confidencial, el inconciente freudiano se constituye en una relación de palabra de orden privado.

Por el contrario le toca al psicoanálisis salvaguardar el espacio de este orden cuando todo (la ideología de seguridad, la tecnología Internet, la política de la transparencia, la tecno-psi [1] etc) trabaja para su disminución y para hacer olvidar a cada uno su soledad, su responsabilidad, incluso sus cogitaciones de ser hablante. En Francia, moviliza a los ciudadanos lúcidos, un proyecto de decreto gubernamental que pone en jaque, en el nombre de su seguridad, a las libertades individuales. Tales decretos están en el aire de nuestros tiempos en nombre de la "transparencia" y de la trazabilidad que la ley del mercado ha promovido y que la globalización intenta aplicar a las personas, a condición de no ver en ellas más que a consumidores- productores.

Es por ello que iniciativas tales como los Forums psi y Le nouvel Âne se inscriben en la trama de la enseñanza de Lacan en el momento particular de la civilización que vivimos. Luego del Seminario XVII, hemos sido esclarecidos sobre el "reverso" del psicoanálisis: este término indica que discurso del amo y discurso del analista están hechos de la misma estofa, del mismo tejido [2]. Ciertamente se oponen, uno masifica cuando el otro permite a cada sujeto, uno por uno, leer el inconciente del que es el producto. Y esta oposición dice la estrecha relación, desde su invención por Freud, entre la práctica del psicoanálisis y su época. A diferencia del discurso de la histérica que, persiguiendo la verdad, pone al desnudo el semblante sin poder hacer otra cosa que reforzarlo, el discurso analítico, no denuncia los semblantes pero sabe servirse de ellos sin enredarse allí.

Le corresponde, no obstante, al psicoanálisis determinar lo que es transmisible de la experiencia analítica y proseguir la elaboración, inaugurada por Freud y cristalizada en sus matemas por Lacan. De allí el tacto requerido en la exposición pública de esta experiencia privada. El testimonio del pase no sale de círculo restringido al cual se dirige, la publicación oral o escrita de un caso y su discusión responden a exigencias con las cuales se miden las apuestas de la inscripción del psicoanálisis en el mundo tal como va. A esta inscripción contribuye un amplio abanico que va desde las enseñanzas de los AE a las intervenciones públicas, que se hacen oralmente, en papel o en lo que se ha vuelto imposible de soslayar: los sitios web.

Si no le compete al psicoanálisis alimentar ni la nostalgia de los ideales antiguos ni la queja sobre la dureza del mundo tal como es, le compete poner sus relojes en hora. Primeramente examinando en qué contribuyó, si no es acaso al ascenso al cenit del objeto a, a la caída de los ideales, en qué sus éxitos mismos dieron pretexto a los ataques de aquellos que anhelan asesinarlo. Luego desinflando los argumentos inconsistentes en nombre de los cuales el cientismo pretende que está muerto y enterrado. Finalmente explicitando las condiciones en las cuales un analista puede sostener su función, sin renunciar a su laicisismo. Como sabemos, no hay psicoanálisis sin psicoanalistas y no hay psicoanalistas sin formación analítica y verificación de esta formación que solo una Escuela de psicoanálisis puede asegurar. En el primer rango de estos medios se encuentra el dispositivo del pase, pero también el control, la conversación clínica, las enseñanzas abiertas, el debate de doctrina y la "censura crítica" [3] No hace falta menos para que una Escuela de psicoanálisis cumpla sus finalidades de tal manera que "no se ahorrará nada para que (los que allí vendrán) todo lo valioso que hagan tenga la repercusión que merece, y en el lugar conveniente"[4]

Privilegio este punto a medida que percibo mejor la amplitud de las exigencias a las cuales responde su Escuela según el deseo de Lacan. Hoy en efecto compartimos un cierto entusiasmo por la iniciativa inusitada del CPCT, tomada de los consejos reiterados a la Escuela de la Causa freudiana de Jacques-Alain Miller. Tuvo gran éxito en Francia y en todas las Escuelas de la AMP. Hay seguramente allí una prueba de que un analista formado en el psicoanálisis de orientación lacaniana puede deshacerse de los significantes amos que lo conducían a Freud a distinguir oro y cobre. Se verifica que la práctica analítica no depende de un encuadre sino de un discurso y que ella puede en las instituciones, incluso los CPCT, no descuidar en nada el rigor de la práctica de consultorio, a partir del momento en que un psicoanalista por su formación se orienta en el objeto plus de gozar.

La audacia de esta innovación que las escuelas de la AMP asumen se sostiene seguramente en la fuerza que el rigor de la formación asegura. Se verifican los efectos del psicoanálisis puro en el psicoanálisis aplicado. Se plantea entonces la cuestión de los efectos de retorno del segundo sobre el primero. No podrían ser de obliteración. Conciernen a cada instancia que se hace responsable del psicoanálisis, a las comisiones científicas desde el evento más pequeño hasta aquellas propuestas para acoger a alguien nuevo –miembro o participante - en la comunidad de trabajo del Campo freudiano, y en las Escuelas en primer lugar.

La preocupación del discurso del analista no podría poner entre paréntesis esta dimensión, precisamente por el hecho de que clínica y política no son disociables: el mito de la atopía del psicoanálisis ha hecho agua, si esta atopía consiste en asegurar su retiro de los asuntos del mundo. Es incuestionable que la toma de posición de un analista no es intrínsecamente deducible de la posición de analista, la cual es fundamentalmente extranjera a las cuestiones de adaptación a la marcha del mundo y está advertido de la dimensión de fracaso de muchos éxitos; sin embargo no puede descuidar esta marcha del mundo si ella conduce directamente -.de manera homicida o serenamente – a borrar del mapa las condiciones mismas del ejercicio del psicoanálisis. Su dejar hacer sería impostura, un analista no puede sostenerse de su retirada de la marcha del mundo, como lo demuestra la historia del movimiento analítico. Ella demuestra también que el psicoanálisis puede trabajar para su propia desaparición a falta de una rigurosa vigilancia que no evite examinar las implicaciones de su éxito. Hoy un analista es necesariamente un resistente a una mutación de las entidades clínicas que tienden a reglarse solo por las novedades farmacéuticas de productos llamados medicamentos (su nombre griego antiguo pharmakon significa también veneno). Resiste a una clínica cientista que impone la normalización y el marchar al paso general de aquellos en quienes no ve sino desviados que impiden que (el mercado y sus leyes) siga girando.

Llegamos aquí imperceptiblemente, a preocupaciones bien paradójicas aparentemente. ¿Como hemos llegado a intitular el Encuentro internacional del Campo Freudiano desdoblado desde el 2002, de un lado del Atlántico: La clínica analítica hoy: síntoma y lazo social, y del otro. Clínica y pragmática de la desinserción en psicoanálisis? No tan paradójicos para quien sigue la huella de las etapas que han escandido la elaboración del concepto de síntoma analítico hasta las iniciativas actuales.

Este recorrido es de peso. Su estudio es una condición necesaria y no suficiente para que sepamos asegurar que el siglo XXI no cuente sin el psicoanálisis.

Muchos han creído que el instrumento de análisis que Lacan proponía era hacer reinar la "ley del padre". Esta deriva viene a socorrer a la religión. Lacan, lejos de pensar que el psicoanálisis organiza a la sociedad, hace de él, - como Freud.- no el medio del ejercicio de un poder, sino un instrumento permanente de análisis y de alivio de los malestares que provienen del hecho que el orden social, cualquiera sea es siempre opresivo, siempre inadecuado a lo que sería una relación sin falla de lo humano con la naturaleza y el sexo. El Seminario XVII, al que me he referido, pone de relieve el hecho de que la civilización contemporánea promete siempre más el goce y la felicidad para el consumo de los objetos, multiplica de este modo los efectos de alienación y favorece el ejercicio de nuevas formas de poder.

Cuando Lacan declara: "todo el mundo delira", constata que en el mundo contemporáneo es posible un lazo social viable, que tenga en cuenta las soluciones personales al malestar en la civilización. Algunos artistas ilustran bien el valor creativo y la soledad de este lazo, a pesar del atipismo de las soluciones que han inventado. El psicoanálisis, como ellos mismos, elige trabajar con el síntoma de cada uno para que un lazo social renovado sea posible. En el momento de dirigir este texto recibo el anuncio de la primera noche preparatoria Enapaol donde intervendrán Guillermo Belaga y Graciela Brodsky, el 4 de septiembre: "abordaremos la clínica actual a partir de las formas contemporáneas del lazo social y de la concepción que la orientación lacaniana tiene del síntoma: como acontecimiento de cuerpo que singulariza al sujeto haciéndole posible la adopción de una posición ética definida. » Lamento no participar en esta noche que sin duda me hubiera permitido extraer otras apuestas que aquellas que he señalado, para contribuir a "lanzar el trabajo y poner al debate estas cuestiones que hacen a nuestra práctica dentro y fuera de los consultorios », y con el límite de no clínico que es el mío « ofertar el psicoanálisis, en la época en que nos toca vivir ».

 
Agradecemos a Judith Miller por su amable autorización, y a Hilda Vittar, directora de Mediodicho, por facilitarnos este texto.
Traducción: Silvia Baudini
 
Notas
* «Délicatesse (Delicadeza) querría decir: distancia y consideración, ausencia de peso en la relación y sin embargo calor vivo de esta relación" Barthes R. Comment vivre ensemble, Séminaire au collège de France, 1976-1977, Seuil Imec, p.178.
1- Miller J.-A., Le Point, juillet 2008.
2- Miller J.-A, "La psychanalyse mise à nu par son célibataire", Cahiers de la Section Clinique de Bordeaux 1992, p. 13.
3- Lacan J., Acte de fondation.
4- Ibid.
 
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