4° Encuentro Americano - XVI Encuentro Internacional del Campo Freudiano
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La clínica analítica hoy | El síntoma y el lazo social
2009
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Hacia PIPOL 4 - Contexto y apuestas del Encuentro - Textos fundamentales
Jacques-Alain Miller
 

Casi finalizando PIPOL 3, la mirada se vuelve ya hacia PIPOL 4. [*]

PIPOL 3 ha dejado constancia de una epidemia que ha ganado y gana todos los días en el Campo freudiano, haciendo vibrar a toda su comunidad europea.

 
Entusiasmo inopinado

Hace cuatro años se abría en París, financiada por la Escuela de la Causa freudiana, el Centro Psicoanalítico de Consultas y Tratamiento de la calle Chabrol, el CPCT. Si hoy día existen una decena de CPCT en Francia, varios en España, dos en Italia, uno en Bruxelas, muchos en formación, si medio centenar de instituciones se han adherido a RIPA, nuestra Red de Instituciones de Psicoanálisis Aplicado, si todo ese pequeño mundo está en plena actividad, en pleno crecimiento, no es debido a una directriz, a una exhortación. A decir verdad, hace cuatro años, el CPCT de París parecía prometido a ser una iniciativa experimental que permanecería ciertamente solitaria, hasta que sus lecciones fuesen sabiamente extraídas por comités científicos.

Un entusiasmo inopinado ha barrido todo eso. Las masas del Campo freudiano se han apoderado de la idea y la han transformado en fuerza material, han salvado todos los obstáculos, actualizando yacimientos insospechados de buena voluntad, de disponibilidad, de tiempo liberado, revelando vocaciones, como si cada uno se hubiera dicho: ¡por fin estamos ahí! Como si por fin volviéramos al porvenir. Como si, a través nuestro, el psicoanálisis estableciera una nueva alianza con el tiempo presente.

 
Nuevo paradigma

Nos vemos arrastrados por ese gran movimiento que, al mismo tiempo, nos hace falta elucidar aunque sólo sea para saber cuál es el siguiente paso a dar en el camino de PIPOL.

Para justificar ante nuestros propios ojos la novación que introducía el CPCT, para poner nuestros papeles psicoanalíticos en orden, hemos tenido que recurrir a una antigua distinción: psicoanálisis puro y psicoanálisis aplicado. ¡Muy bien! Es lo clásico.

Es absolutamente exacto que dejamos intacto el psicoanálisis puro, las mismas exigencias siguen imponiéndose en la formación de los analistas, el pase continúa siendo el nombre con el que pensamos el término verdadero de un análisis y con el que practicamos su verificación.

La novación de la que se trata se ha producido a nivel del psicoanálisis aplicado a la terapéutica. Para nosotros era más tranquilizador pensar así. Hemos introducido allí un cambio de paradigma, hemos tocado la duración y el pago, parámetros constantes hasta ahora: la duración limitada y programada, el pago suprimido. ¡Atención! suprimido para el paciente pero también, al menos hasta ahora, para el practicante.

Por supuesto que la terapia breve ya había sido practicada y teorizada en psicoanálisis --pensemos por ejemplo en uno de nuestros antepasados, Franz Alexander—y también el tratamiento gratuito --recordemos el dispensario de Berlín en los tiempos de Wilhelm Reich-- pero, al menos por lo que conozco, esto no ha sido nunca practicado a esta escala, ni con la elaboración clínica ad hoc que, entre nosotros, le acompaña desde ahora.

 
Lugar Alfa

Esto hubiera sido imposible si nuestra referencia se hubiera mantenido en el fosilizado concepto del encuadre, que se confunde con la consulta del practicante que ejerce como profesión liberal. Los efectos psicoanalíticos no dependen del encuadre sino del discurso, es decir de la instalación de coordenadas simbólicas por parte de alguien que es analista, y cuya cualidad de analista no depende del emplazamiento de la consulta, ni de la naturaleza de la clientela, sino más bien de la experiencia en la que él se ha comprometido.

Son los conceptos lacanianos del acto analítico, del discurso analítico y de la conclusión del análisis como pase a analista, los que nos han permitido concebir al psicoanalista como objeto nómada y al psicoanálisis como una instalación móvil, susceptible de desplazarse a nuevos contextos, particularmente a instituciones. Los relatos de los casos muestran, demuestran y ponen en evidencia, que efectos psicoanalíticos propiamente dichos se producen en el marco institucional, por poco que ese contexto autorice la instalación de un lugar analítico. Hay un lugar analítico posible en la institución, digamos que un Lugar Alfa.

Un Lugar Alfa no es un lugar de escucha. Hoy día, un lugar de escucha es un sitio en el que un sujeto es invitado a desahogarse sin medida. Se dice que la puesta en palabras alivia. Un Lugar Alfa es un lugar de respuesta, un lugar en el que el parloteo toma forma de pregunta y la pregunta misma gira hacia la respuesta. No hay Lugar Alfa sino a condición de que, por la operación del analista, el parloteo se revele como conteniendo un tesoro, el tesoro de un sentido otro que valga como respuesta, es decir como saber llamado inconsciente. Esa mutación del parloteo se sostiene de lo que llamamos la transferencia, que permite al acontecimiento interpretativo tener lugar, acontecimiento interpretativo que supone un antes y un después, como decimos clásicamente.

Para que haya Lugar Alfa es necesario y suficiente que se instale el lazo por el que "el emisor recibe del receptor su propio mensaje bajo una forma invertida" [1], encontrándose el sujeto desde entonces conectado con el saber supuesto del que ignoraba él mismo ser la sede.

 
Conexión, reconexión

La emergencia de un instante de saber tal pide ser severamente controlado porque es una chispa que puede meter fuego a toda la pradera, quiero decir que puede iluminar en un sujeto el incendio de un delirio interpretativo generalizado. Se impone una selección drástica de los operadores en el Lugar Alfa, a fin de asegurar que son capaces de una distribución ponderada de los efectos psicoanalíticos, dosificados según las capacidades de un sujeto para soportarlas. Igualmente, los operadores en el Lugar Alfa no pueden dispensarse de practicar el arte del diagnóstico rápido. Regularmente, en los CPCT, esa tarea es confiada a los practicantes confirmados y aguerridos que tienen que formular una prescripción detallada.

Se percibe por eso mismo lo que ha podido cautivar tanto en la práctica de los efectos terapéuticos rápidos: el alto grado de maestría clínica que requiere, la movilización inmediata del saber acumulado previamente tanto en el estudio de los textos como en la experiencia efectiva, la evaluación instantánea y la asunción razonada del riesgo clínico. Se ha podido así constatar que una conexión, incluso fugaz, con el saber supuesto que, por hipótesis llamamos inconsciente, se traduce por una conexión con lo que se llama tradicionalmente el discurso del Otro.

Tomo mis distancias, nuestras distancias, con esta formulación. "El gran Otro", esa manera de llamarlo, es una aproximación porque no se trata de una instancia unificada, ni de un monolito. Por eso no veo objeción en hablar de una reconexión con la realidad social.

 
Operación verdad

¿Qué es lo social? –que hemos hecho figurar en el título de PIPOL 3.

Es, de entrada, un término que vale para todo, eminentemente cómodo y que hace interfaz entre el lenguaje de las autoridades políticas y administrativas y el nuestro, al precio seguro de un equívoco. El secreto, el nuestro, es que no distinguimos entre la realidad psíquica y la realidad social. La realidad psíquica es la realidad social.

En la muy última enseñanza de Lacan se encuentra esta provocativa proposición: "La neurosis depende de las relaciones sociales". [2] Para suprimir el aspecto de paradoja en lo que acabo de avanzar, es suficiente con recordar que en el fundamento de la realidad social está el lenguaje. Entendamos por ello la estructura que emerge de la lengua que se habla bajo el efecto de la rutina del lazo social. Es la rutina social la que hace que el significado pueda atesorar sentido, ese sentido que está dado por el sentimiento de cada uno de "formar parte de su mundo, es decir, de su pequeña familia y de todo lo que gira alrededor"[3].

Los psicoanalistas que ejercen en los Lugares Alfa están a buen seguro en contacto directo con lo social, encarnan como tales lo social y restituyen el lazo social para los sujetos que acogen. Es lo que justifica el título de PIPOL 3. Por el contrario, los sujetos que acogen no están precisamente en contacto directo con lo social, sino más bien en situación de "exclusión". ¿No sería conveniente ahora tematizar la situación de exclusión social?

Para los psicoanalistas que ejercen en los Lugares Alfa, en los CPCT, en las instituciones RIPA, es comprensible el entusiasmo que puede visitarles al ver limpias las mediaciones que velan ordinariamente la posición del analista y que velan al propio analista que él está en contacto directo con lo social. Un analista no puede funcionar más que si está en contacto directo con lo social, aunque en su consultorio pueda desconocerlo y alimentar las dulces ensoñaciones –Schwarmerei—de su extraterritorialidad.

Se cita a menudo esa palabra de la boca de Lacan como si él la hubiera elogiado cuando, por supuesto, se trata de una ironía. Cuando el Lugar Alfa emigra del consultorio hacia la institución, la verdad que se desnuda es la de la sociabilidad estructural de la posición y del acto analítico. Llegaré incluso hasta decir que el éxito de los CPCT y por extensión el de las instituciones del RIPA, es el éxito de esta "operación verdad". Justamente ahí se fundamenta lo que he escuchado en estos días con el "Por fin estamos ahí".

 
Una base psicoanalítica del síntoma

Cuando se habla de psicoanálisis puro y de psicoanálisis aplicado, se entiende que los resultados del primero son invertidos en el segundo. Es exacto, y de entrada es el caso del propio practicante, en tanto es el resultado de su propio análisis, un análisis que no es ni breve, ni programado, ni gratuito. Pero no descuidemos que hay un efecto de retorno. El psicoanálisis aplicado, el que practicamos, tiene una incidencia, que irá creciendo, sobre el psicoanálisis puro.

Se nota ya en la clínica de la psicosis ordinaria, sin desencadenamiento, en la que los efectos de la forclusión, delirios y alucinaciones, no son espectaculares y se traducen por signos más discretos, fenómenos elementales a veces ínfimos, desconexiones sucesivas con la familia y el entorno, con las relaciones sociales, con el mundo.

El psicoanálisis aplicado también tendrá consecuencias sobre la teoría de la cura. La programación de los tratamientos breves hace que el practicante esté más atento a la experiencia de cada sesión tomada de una en una, mientras que el Durcharbeitung de la experiencia pura -- la transelaboración, como se le suele traducir--, el tiempo para comprender prolongado que impone el análisis puro tiene como efecto natural desgastar ese detalle o bien hacerlo imperceptible para el practicante. Lo que merece ser llamado a veces como micro-curas, llevadas a cabo en los Lugares Alfa, tendrá como efecto aguzar la vigilancia de los analistas en la dirección de la cura analítica propiamente dicha.

En tercer lugar, les recuerdo que un cierto número de nuestros Lugares Alfa institucionales están ahora subvencionados por administraciones y lo serán más en el futuro. Por eso se les impone la natural exigencia de rendir cuentas a los poderes públicos. Estos quieren cifras y números, lo cuantitativo. Quieren hacer pasar los resultados a la estadística, a las máquinas de clasificación, a los ordenadores. Ya nos están ofreciendo los servicios de sus ingenieros.

Se puede mantener que operamos con el saber supuesto y que el saber expuesto desnaturaliza nuestra operación. Se puede decir, suspirando, que es fastidioso rellenar las fichas que nos piden. Propongo tomar las cosas de otro modo: como la ocasión de hacer pasar nuestra clínica, sus diagnósticos y sus descubrimientos al circuito de la comunicación común, lo que para comenzar quiere decir hacerla pasar al registro de la transmisión integral, a lo que Lacan ha llamado el matema.

El matema no es sólo el uso de S/, de a, de S1, de S2 y de lo que sigue después. La exigencia de los poderes públicos debe ser nuestra ocasión de formalizar nuestra clínica y, por qué no, de rivalizar con el DMS. ¿Por qué no crear la BPS? ¿Quién puede dudar de que la constitución de una "base psicoanalítica del síntoma" susceptible de cuantificación tendría los más felices efectos sobre la cualidad de la transmisión clínica, incluso sobre la más matizada? ¿Soy el único que desea un armazón matemático más consistente que aquel del que disponemos? No lo creo.

 
Desinserción

Se impone lógicamente el paso siguiente que hay que dar en la serie de los encuentros PIPOL. Conviene pasar al estudio temático, diferencial, gradual, de las situaciones subjetivas de exclusión social. La marginación social tiene un nombre común en el lenguaje administrativo contemporáneo: la desinserción. Ese término ha sigo elegido como título del proyecto de investigación RIPA a nivel europeo [4]. Contemplo PIPOL 4 como una escansión en esa investigación. De ahí el título que propongo: "Clínica y pragmática de la desinserción en psicoanálisis".

Digo clínica porque es evidente que tenemos cosas que decir y que ordenar en lo que concierne a los fundamentos psicoanalíticos de la desinserción, y también porque así podremos invertir nuestros resultados en lo que concierne a la psicosis ordinaria, y en particular lo que gira en torno a lo que Hugo Freda ha podido llamar "precariedad simbólica". No hay duda de que podremos aportar algo nuevo --sobre el fracaso escolar, por ejemplo, porque el significante-amo nos abre perspectivas, que pueden ser comunicadas, sobre la autoridad y sobre S2, el saber. Digo pragmática, mejor que tratamiento o cura, porque ahí estamos en el orden del saber-hacer-con, del "arreglárselas con".

El gran movimiento que nos arrastra hace ver que el psicoanálisis se ha mostrado y se muestra todavía en retraso con respecto a sí mismo. El mismo cuya práctica implica la sacudida de todos los semblantes, el mismo que pone en marcha un potente principio, casi socrático, de ironía, es el mismo que se queda a menudo atado a creencias obsoletas, refugiado en una extraterritorialidad imaginaria. Es el mismo que ya no se reconoce en un universo contemporáneo que ha contribuido, más que otros, a hacer emerger y, entre los menos simpáticos o los más ignorantes, es el mismo que llora por el Nombre-del-Padre mientras sueña con restablecer su reino. Es la nostalgia por el momento freudiano del psicoanálisis, el momento de la queja por el derecho a gozar, cuando aún reinaba un orden social autoritario, jerárquico, reglamentario, incluso disciplinario y en el que el psicoanálisis estaba en una situación alveolar.

Era la época en la que la inserción social se hacía primordialmente por identificación simbólica. Un psicoanálisis podía entonces preconizar la liberación del deseo, la salud por la pulsión. Ahora estamos en la época en la que el Otro ya no existe. En el "cenit social" está el objeto a, que lo ha reemplazado. La inserción se hace menos por identificación que por consumición. El sueño ya no es la liberación sino la satisfacción. Y la realidad social se revela dominada por la falta-en-el-gozar. De donde la moda de las adicciones, que no es simplemente una moda de las prácticas: todo deviene adicción en el comportamiento social, todo adquiere un estilo adictivo.

Hay que reconocer en las adicciones, y también en el consumo frenético de los plus-de-goce que la tecnología multiplica y coloca en el mercado a un ritmo cada vez más rápido, un desesperado esfuerzo por suplir un defecto de satisfacción que es de estructura.

 
Momento pragmático

Esta es la clave del choque de las civilizaciones. Lo que así se llama es, esencialmente, la oposición, la incompatibilidad de la civilización religiosa y de la civilización mercantil, de la civilización dominada por el ideal del yo y de la que domina, para hablar con propiedad, un superyo cuyo imperativo se formula como se goza, de la civilización del respeto y de la nuestra, la de la glotonería. La civilización mercantil estigmatiza como fanática la del ideal del yo y a ella misma se la estigmatiza como perversión, corrupción, derroche, el orgullo del goce [5]. Entre los dos está ese mito enigmático, la China de hoy día, en la que se observa a la vez un control autoritario del ideal y una extraordinaria desinhibición del consumo.

¿Por qué psicoanalistas en estos tiempos de malestar? Para compartir el malestar no es. El buen humor que ha reinado durante estas Jornadas atestigua que no es nuestro estilo. No ser incautos acerca de la satisfacción ilusoria de los plus-de-goce, no supone sin embargo acampar en el rechazo del alma bella y anatemizar la realidad social contemporánea. La misión que tenemos en este mundo es la de reconocer y elucidar la diversidad humana, la diversidad de los modos-de-goce de la especie. Eso supone restablecer el espíritu del psicoanálisis en sus comienzos, cuando los psicoanalistas aún sabían sacrificar al psicoanálisis los semblantes de la respetabilidad. El psicoanálisis sabía entonces que, para ser completamente riguroso, le hacía falta ser un poco extravagante.

He hablado del momento freudiano que está detrás de nosotros. El momento lacaniano no lo está menos ya que fue a la vez, en una barroca conjugación, existencialista y estructuralista, es decir, cientificista. El propio Lacan dejó ese momento detrás suyo y esbozó para nosotros la configuración del momento contemporáneo, que es pragmático. Sí, somos pragmáticos, como todo el mundo hoy, aunque un poco aparte sin embargo --pragmáticos paradojales que no tienen el culto del eso marcha. El eso marcha no marcha nunca. Nuestro buen humor viene sin duda de que nosotros sabemos que eso fracasa y de que creemos fracasar de la buena manera. Estemos persuadidos de que se tiene necesidad de nosotros.

 
Traducción: Jesús Ambel
 
Notas
* Transcripción de Catherine Bonningue de la intervención de J-A Miller en las Jornadas PIPOL 3, celebradas en París, los días 31 de junio y 1 de julio de 2007, sobre el tema "Psicoanalistas en contacto directo con lo social". Releída por Jacques-Alain Miller.
1- Lacan J., "Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis" (1953), en Escritos I, Madrid, Siglo XXI, 1990, p. 287.
2- Lacan, J., "El Seminario, Hacia un significante nuevo, lección del 17 de mayo de 1977", en Colofón, nº 25, revista del la Federación Internacional de Bibliotecas del Campo freudiano, "Psicoanálisis y poesía", Granada, enero de 2005, p. 39.
3- Lacan J., El Seminario. Libro XX, Aún (1972-1973), Buenos Aires, 1989, p. 55.
4- Ese tema ha sido elegido en el transcurso de la reunión de RIPA celebrada el 30 de junio, y debe ser llevado a cabo por un nuevo comité animado por Hugo Freda, así como las investigaciones sobre el ordenador clínico de nuestras instituciones que serán reunidas por una comisión dirigida por Jean-Daniel Matet.
5- Alusión al "Orgullo Gay" que se desarrolló el día anterior, 30 de junio 2007.
 
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